Una de dos

Un año atrás, los medios de comunicación avisaban que España encabezaba la lista de países europeos con más paro juvenil, con cuatro de cada diez jóvenes desempleados. Hace unos días, se superó el umbral del 50%. Así pues, esta situación de abandono y de desamparo no sólo la arrastramos desde hace meses, sino que tiende a ir in crescendo, y da incluso miedo cuando parece no tener límites.

El caso es que, aunque en enero de 2011 era el 40% de los jóvenes el que estaba en paro, en marzo de 2012 la cifra ha aumentado a uno de cada dos y, aparentemente, nada ha cambiado. Nada ha cambiado aunque la situación sea más que grave, de magnitudes intolerables. Y no hablamos de percepciones o sensaciones, algo más subjetivo que de facto, porque si miramos hacia Europa, el 23% de paro general de aquí pasa a ser un 10 allá. Una diferencia flagrante, inaceptable y vergonzosa que, evidentemente, crea malestar entre la población de este estado. Un malestar que algunos canalizan a través de manifestaciones más estériles que efectivas y otros a través de actos más violentos que eficientes. Repudiemos cualquier tipo de violencia porque, entre otros motivos, no es la forma más inteligente de actuar, puesto que su ineficacia es proporcional, a veces, a su grado de instrumentalización. Pero cada vez es más evidente que manifestarse, tal y como lo concebimos hoy en día, es ya inútil.

Por desgracia, no parece que la cifra del 50% sea un punto de inflexión. Lejos de reaccionar, los dirigentes del sistema político aprueban reformas y presupuestos que se alejan cada vez más de su población. La misma que les ha colocado ahí, la misma que tiene el derecho y el poder de quitarles. La misma que se mueve, perdida, de un extremo a otro, que quema Starbucks y es encarcelada por sus actos vandálicos, pero que si toma la calle pacíficamente manifestando y gritando sus necesidades y peticiones, no es escuchada. Así pues, quizás ya va siendo hora de reinventarnos, de poner en práctica eso de “una de dos: modernizarse o morir” porque, si la situación es excepcional, pues tenemos que tomar medidas excepcionales. Alternativas hay muchas, una de ellas la impulsada por European Alternatives: la creación de un foro nacional de debate y consulta para crear propuestas surgidas en el seno de la sociedad civil que, en última instancia, puedan llevarse al Parlamento Europeo. Los jóvenes son de los primeros grupos en recibir, pero esto es mucho más que una situación de in-pass, porque toma forma ya de hoja de ruta para conducirnos a un porvenir a largo plazo, y ese camino nos afecta a todos. Tómese por ejemplo el suicidio de un jubilado griego acusando al gobierno helénico de privarle de sus necesidades básicas y asegurando no encontrar ninguna otra salida más digna a su situación.

La historia que estamos escribiendo nos dice que seamos jóvenes o jubilados, parados o trabajadores, migrantes o no, está en nuestro derecho y es también nuestra responsabilidad decidir cómo queremos nuestro futuro y bajo qué reglas vamos a jugar. El día 24 de abril, en Barcelona, empieza la partida.

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